LAS 6 LECCIONES DE MI FRACASO EMPRESARIAL

Dicen que hay dos tipos de emprendedores, los que nunca han fracasado y los que tienen éxito. Y, según mi experiencia, es completamente cierto.

En estas líneas os contaré cómo he fracasado dos veces intentando emprender por mi cuenta y cómo la vida me ha obligado a «pivotar» y re inventarme profesionalmente para salir adelante.

Más de un amigo y familiar me ha recomendado que no escriba este artículo ya que me puede perjudicar en mi vida profesional. No obstante, he decidido asumir el riesgo a cambio de que algún lector se pueda ver reflejado en mi experiencia y con la confianza de que se sepa leer entre líneas y se descubra que, lejos de ser una persona conformista e indolente, soy un guerrero capaz de sobreponerme a las tormentas más agresivas.

Como otros muchos en mi situación.

Two failures and still alive

En paro y en plena crisis del 2008

Cuando finalicé mi trabajo en Comess Group, a mediados de diciembre de 2014, me vi con 43 años, una mujer en paro, dos niñas y un país en crisis ante un futuro incierto.

De pronto me encontré, por primera vez en mi vida, en la cola del paro y reconozco que la sensación de vértigo me mantuvo unos días muerto de miedo y semi paralizado.

Me gustaría decir que siempre quise emprender, pero no, la verdad es que ni se me había pasado por la cabeza.Poco a poco la idea fue fraguando en mi cabeza al ver que pasaban los días y las semanas sin que mi «flamante» curriculum hiciese el menor efecto en ninguna de las empresas caza talento donde lo envié.

Más como terapia ocupacional que otra cosa me puse a trabajar en lo que sería la pagina web de mi futura empresa, la cual he elaborado desde cero gracias a los benditos tutoriales de Youtube. (No lo intenten en casa, es desesperante..)

Ofertas de trabajo como autónomo

Comencé a recibir alguna llamada de gente interesada en que trabajase con ellos llevando la expansión de sus franquicias, muy ilusionado yo iba a las entrevistas, pero en todas me ofrecían un contrato mercantil, es decir como autónomo, exigiéndome -eso sí- total exclusividad con jornada completa de oficina.

Me sentí tentado a aceptar alguna de esas ofertas pero mi mujer me persuadió de que era una imprudencia, con mi edad no podía perder ni un minuto más y trabajar en exclusiva para una sola empresa. Máxime cuando esas empresas no parecían querer apostar demasiado por mi.

Me lanzo a crear mi propia empresa

Y así llegó el día en el que tomé la firme decisión de dedicarme en cuerpo y alma a mi proyecto de empresa, lo que hoy es ASESOR FRANQUICIA.

La base del negocio es cubrir esa necesidad que el mercado me estaba diciendo a gritos que tenía: obtener un servicio altamente cualificado pero sin el compromiso y los costes de una nomina.

Aunque, claro está, con posibilidad de trabajar con más de un cliente por aquello de no poner todos los huevos en una cesta que, de un día para otro, te puede decir que no vuelvas.

El valor añadido por el que quise diferenciarme es la gestión personalizada de los servicios de consultoría de franquicias. Como quiera que tengo una larga experiencia como directivo de importantes empresas franquiciadoras, sentí que podía ofrecer mucho más «Saber Hacer» que el resto de las consultoras de mi competencia, más tradicionales.

Un mercado saturado

Después de muchísimo esfuerzo y frustración, logré hacerme hueco dentro de las consultoras de franquicias más importantes de España. Cómo se puede ver en el gráfico bajo estas líneas.

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* Datos obtenidos de la plataforma Semrush en Febrero de 2018.

Entonces, me dí cuenta de mi primera lección como emprendedor:

No es lo mismo tener clara tu propuesta de valor diferencial que saber transmitir al mercado esa propuesta de valor.

Resulta que el mercado español esta saturado de consultoras de franquicias, parece ser que hay más consultoras en proporción a marcas que en cualquier otro país.

LEER:  El lugar donde cada día es una aventura

En este vídeo intento explicar nuestro valor añadido como consultora de franquicias a los representantes de la Asociación Española de Franquiciadores:

 

Duros pero ilusionantes comienzos

No puedo echar toda la culpa a la crisis, eso es cobarde y además no es cierto.

El caso es que, después de mucho trabajar, acabaron llegando nuestros primeros proyectos. A los cuales estaré eternamente agradecido. También llegaron muchos clientes que venían recomendados por amigos míos. En este caso, mi gratitud es indescriptible.

Como no puede ser de otra manera, nos volcamos con estos primeros clientes, entonces descubrí mi segunda lección como emprendedor:

Cuida a tus clientes, pero no descuides la captación de más clientes.

Así que tomé la decisión de dividir esfuerzos y contratar a mis primeros empleados.

Tuve la suerte de dar con colaboradores excepcionales y de larga experiencia en el sector de la franquicia. Personas comprometidas que apostaron por mi proyecto teniendo en cuenta que yo no les podía ofrecer la seguridad y la banda salarial que sin duda se merecían.

El equipo de asesor franquicia

En ese momento comenzó la época dorada de mi empresa. Entraban clientes y la cosa iba bien económicamente.

El éxito llama al éxito, y empresas cada vez más importantes comenzaron a llamar a nuestra puerta. Alquilamos oficinas más grandes y representativas y comenzamos a mirar hacia un futuro que pintaba prometedor.

Pero entonces aprendí, por la vía mala, la tercera de mis lecciones como empresario:

No todos los colaboradores están comprometidos con tu empresa.

Mi estilo directivo se basa más en los resultados que en la presencia en la oficina o el peloteo. Siempre he pensado que todos somos mayorcitos como para que nos tengan constantemente que decir lo que tenemos que hacer.

Lo que aprendí es que unos son más mayorcitos que otros y que hay que estar muy pendientes y aplicar, no un único estilo de dirección, sino tantos como tipos de empleados tengas.

El resultado es que metimos la pata con un par de clientes y tuvieron que llegar los despidos. Pero ya habíamos perdido buenas oportunidades que ya nunca volverían.

Las peculiaridades de los servicios de consultoría.

La cuarta lección llegó en forma de revelación:

Por muy bien que trabajes, no todos los clientes están en la fase de recibir servicios de consultoría y aprovecharlos convenientemente.

Siempre me ha preocupado la satisfacción de mis clientes. Tal vez demasiado porque sufría desproporcionadamente cada vez que recibía una queja.

No obstante, comprendí que muchos de los dueños y directivos de las empresas que nos contrataban no estaban dispuestos a asumir el cambio en la forma de trabajar. Ya se sabe que si el jefe no cambia, los empleados de la empresa menos.

Así que, en ese tira y afloja, no siempre logramos hacer ver las ventajas del sistema que proponíamos. Eran batallas que estaban perdidas antes de empezar.

En esta conferencia en el BBVA intento explicar el salto de modelo de empresa que nosotros proponíamos:

 

Afortunadamente, también tuvimos muchos casos de éxito que me produjeron una gran satisfacción y mantuvieron mi fe en lo que estábamos haciendo.Aún así, arrastramos varios clientes que no nos pagaron, lo que nos dejó en un estado de liquidez muy complicado.

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La pescadilla se muerde la cola y, al reducir nuestras inversiones en publicidad, también llegaron menos clientes.

La quinta lección fue una de las más peligrosas. Pero todavía no la definitiva:

Cuando las cosas vayan mal, líbrate de todos los gastos menos de la publicidad.

Lo hice al revés. Mantuve empleados que no aportaban nada a la empresa y mantuve también mis flamantes oficinas, pero eliminé la publicidad de mis servicios.

Visto en perspectiva se ve que es una soberana idiotez, ¿verdad?.

El caso es que prescindir de personal me suponía unos costes que en ese momento no podía asumir, así como penalizar la calidad de nuestros servicios.

Por otro lado, las oficinas son un escaparate imprescindible para el consultor, si quiere transmitir la imagen que buscan sus clientes. O eso me parecía.

Graves problemas económicos

El sistema español en relación con los autónomos y las pymes parece estar diseñado para hacer leña del árbol caído.

De repente te conviertes en un apestado para todo el mundo. Te hacen inspecciones de hacienda, los bancos no quieren ni verte y todas las puertas se cierran en tus narices.

Pedí varios créditos personales para mantenerme y evitar lo inevitable. Otro error.

Recuerdo como si fuera ayer el día que llegué a mi casa y le dije entre lágrimas a mi mujer que teníamos que vender nuestra casa.

Mi mujer siempre me ha apoyado y siempre ha confiado en mi, pero el problema era que yo ya no confiaba en mi.

Así que vendí mi casa, pero los problemas seguían ahí. Yo , cada día, puliéndome mis últimas reservas económicas. Los ahorros de mi familia. Jugando al juego más peligroso, el juego donde puedes perderlo TODO.

La sexta lección: mi puntilla final

Si has llegado hasta aquí en la lectura, estarás pensando que debería haber echado el cierre ya. Hay que saber cuando ha llegado el momento de apagar las luces y bajar el telón. Totalmente cierto, peeero…

Por suerte, o más bien por desgracia, comenzamos un proyecto con un nuevo cliente. Un proyecto muy ambicioso que requería todos nuestros esfuerzos.

El problema es que caí en el error de volcar todos los recursos de la empresa en este cliente. Hasta el punto de que descarté la entrada de otros clientes por falta de recursos disponibles para poder atenderles a la altura de lo que cada cliente se merece.

Alcanzamos los objetivos para los que este cliente nos contrató. Lo alcanzamos con gran éxito para su empresa, pero nosotros llegamos muy desgastados económicamente.

Confiamos en que estábamos ante un proyecto a más largo plazo, o así lo habíamos acordado con el cliente. Un proyecto que justificaba apostar y aguantar. Pero la cosa no se cumplió y tuve que concluir la relación.

Por lo tanto, la sexta lección esta clara:

Nunca dejes que un sólo cliente ocupe más del 40% de tu tiempo y tus recursos.

Esta fue la última gran ola que mi empresa soportó. Ahora si, tuvimos que dejar ir a nuestros colaboradores y cerramos la oficina malvendiendo todo el mobiliario en wallapop. Jamás pensé que lo peor estaba por llegar.

Volver a empezar

Así que, de nuevo en la casilla de salida. Por tercera vez en mi vida, tocó reinventarse desde cero.

Con ayuda de un antiguo colaborador y el pequeño colchón de los pocos clientes que me quedaron, iniciamos un nuevo proyecto compatible con el anterior pero centrado en llegar al canal HORECA.

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Si hasta ahora había puesto el 80% de mi estrategia empresarial en la consultoría de franquicias y el 20% en la consultoría de restauración, en esta ocasión decidí invertir las tornas y poner más carne en el asador en aquello que tantas satisfacciones me había dado: ayudar a bares y restaurantes a pasarse a un sistema de gestión compatible con lo que se entiende por restauración organizada.

Otra vez a apostar y a invertir un dinero que no tenía para salir adelante.

¿Busqué trabajo?, si, pero mis 48 años parece que pesan más de lo que me imaginaba en el mercado laboral.

Y llegó una pandemia mundial.

Me he visualizado muchas veces como un naufrago agarrado a un pequeño tablón de madera en mitad del océano: con escasas posibilidades de llegar a buen puerto pero con el ánimo firme para conseguirlo.

Soy un optimista incorregible, lo sé. Pero como diría Churchill, no parece muy útil ser de otra manera.

Cuando el coronavirus pasó a ser el centro de nuestras vidas mi situación era la siguiente: Poco dinero en el banco, mi mujer de baja médica, dos hijas que mantener, un montón de deudas, cientos de solicitudes de empleo en InfoJobs congelados y un nuevo proyecto en pañales que sacar adelante.

Como se sabe, uno de los sectores más perjudicados por esta pandemia ha sido la restauración, precisamente donde nosotros habíamos puesto todas las fichas.

Así que, cuando nuestros pocos clientes empezaron a llamarnos para decirnos que no nos podían pagar, entendí que me esperaban los momentos más difíciles de mi vida. Mucho más de lo que habían sido hasta el momento.

Aprovechando la cuarentena

Hay que tener una alta dosis de auto control para concentrarse en buscar soluciones cuando estas con el depósito en reserva y con el país paralizado por una pandemia mundial.

Yo creo que en estos momentos los mandos de tu vida pasan al comandante supervivencia y no vuelven a la normalidad hasta que logras salir de la crisis.

Encontrando un nuevo salvavidas en el sector inmobiliario.

Después de mucho investigar, encontré la que creo es la empresa que mejor me va a encajar para iniciarme como asesor inmobiliario. La empresa SAFTI es un modelo de inmobiliaria que ha tenido un éxito notable en Francia y acaba de aterrizar en España.

El sistema se basa en una red de asesores inmobiliarios independientes que se benefician de unos servicios centrales de primer nivel, pero no deja de ser un micro emprendimiento en el que te la vuelves a jugar y en el que hay que volver a pasar por el desierto para llegar a verle color al asunto.

Aún así, estoy contento e ilusionado porque yo solo necesito un objetivo para ponerme las pilas y tirar para adelante.

Cuando estoy escribiendo estas líneas, España sigue enclaustrada en casa por Decreto Ley y parece que, por lo menos, quedan otros 15 días por delante.

Durante el encierro, he aprovechado para recibir el primer curso intensivo que me ha regalado SAFTI, y estoy intentando rellenar mi agenda para «después».

Y esta es mi historia profesional hasta hoy. Me sigo dedicando a la consultoría de franquicias pero con un servicio todavía más personalizado, si cabe, y además espero tener éxito en el emprendimiento inmobiliario. O por lo menos intentarlo con todas mis fuerzas.

Un fuerte abrazo, nos vemos en la lucha.

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