muerte mascota

¿Puede doler igual la muerte de una mascota y la de un ser humano querido?

Muchos dueños de mascotas nos sentimos incomprendidos a la hora de expresar nuestros sentimientos hacia las mismas. De esta manera, sólo nos desahogamos hablando con otras personas que comparten nuestra condición. Sólo entre nosotros parecemos entendernos.

Cuando fallece nuestro perro, por ejemplo, no esta socialmente aceptado que le lloremos. No se comprende que estemos varios días hechos polvo por su pérdida. Sin embargo, estas perdidas duelen y duelen mucho.

Por qué duele tanto la pérdida de nuestra mascota

 

Sin desmerecer a los dueños de gatos y de otros maravillosos animales, yo hablo de mi experiencia que es con perros.

Los dueños de perros nos gastamos una verdadera fortuna al año en ellos. Veterinario, vacunas, comida y diversos complementos con los que varias cadenas internacionales hacen su fortuna.

No en vano, el mercado de las mascotas mueve en España unos 1200 millones de euros según datos de Veterindustria, cifra que no para de crecer año tras año.

Quien nunca ha tenido mascota, nunca entenderá por ejemplo que alguien se llegue a gastar más de tres mil euros en un tratamiento para nuestra mascota con cáncer por ejemplo.

Pero ¿por qué hacemos esto?, ¿estamos locos los dueños de mascotas?

Desde que el hombre es hombre ha sido acompañado por animales, y no sólo para utilizarlos como herramientas de trabajo o de transporte sino también para nutrirnos de su compañía.

Si a cualquiera se le pregunta qué es lo que más valora de las personas, casi todo el mundo mencionará una o varias de estas virtudes: lealtad, generosidad, buen humor, cercanía, capacidad de amar incondicionalmente…y, ¡oh sorpresa! Estas son precisamente las características que cualquier dueño de un perro te mencionará acerca de su amigo.

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Ahora el lector que, hasta hoy, se haya perdido la maravillosa experiencia de disfrutar de la compañía de uno de éstos animales estará más cerca de entendernos.

Qué perdemos cuando perdemos a nuestra mascota

 

Alguien dijo una vez que quien nunca ha tenido un perro, hay una parte de su corazón que no ha estrenado.

Querer a un animal de compañía es una forma de querer que difícilmente se puede comparar con ninguna otra forma de querer. No es ni mejor ni peor que querer a otro ser humano, ni querer más ni querer menos; más bien es querer diferente.

Si tienes capacidad de aprovechar lo mejor de la vida en cualquier momento y de vivir el presente a cada instante, probablemente es porque eres un perro.

Estos animales tienen personalidad e influyen favorablemente en el estado de ánimo de las personas. Está más que demostrado por numerosos estudios que tener un perro mejora nuestra calidad de vida emocional y físicamente hablando.

Estos amigos funcionan como el mejor de los antidepresivos, alivian el estrés, mejoran nuestra autoestima e incluso nos ayudan a relacionarnos con otras personas. Podemos decir, por lo tanto, que son fuente de felicidad.

Por eso, cuando perdemos a nuestro compañero, perdemos el valor de todo lo puro e incondicional que había en nuestra vida y eso genera un vacío repentino muy duro de llevar.

Tan duro, que hay muchísima gente que renuncia a adquirir otro perro por evitar revivir ese dolor.

 

 

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