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Suavemente me matas. La agresividad pasiva

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annibal lecter y la agresividad pasiva
Annibal El Canival- el colmo de la agresividad pasiva

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, cada día, somos sujetos activos y pasivos de agresión

Intentar que otra persona cambie su comportamiento en contra de su voluntad para un beneficio propio o, simplemente, actuar aún a sabiendas de estar haciendo daño a otro, por el mero hecho de imponer nuestra supremacía, es agredir.

Una definición de la agresión pasiva la describe como

“la expresión indirecta de la hostilidad a través de la dilación, el humor hostil, la terquedad, el resentimiento, o la repetida omisión deliberada para realizar las tareas requeridas para las que uno es responsable.”

Y tú, ¿cómo agredes?

Todos somos capaces de agresión pasiva, porque las conductas que las definen son también parte de nuestros mecanismos para sobrevivir

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Pero hay dos formas de agresividad, la activa, cuando gritamos, zapateamos, insultamos o nos mofamos del prójimo con intención lesiva e intimidatoria; y la agresividad pasiva, por lo bajini…y esta última, lenta, corrosiva, fría y calculadora, esa, es la peor de todas las agresiones. La que mas daño produce en la víctima.

La agresión pasiva existe porque varias otras conductas humanas la facultan. La primera conducta a la que apela la agresión pasiva es a la culpa.

El agresor pasivo no suele gritar, no pierde las formas, puede ser incluso una persona que se muestra atractiva y carismática de cara a la galería…pero es muy consciente del daño que hace y del poder que ello le confiere.

Casi siempre la agresión pasiva se utiliza para provocar el sentimiento de culpa de quien la recibe. Es, por ende, un componente indispensable del éxito de la religión.

Una segunda circunstancia que faculta la agresión pasiva: el poder. Casi siempre el que coacciona, o ejerce el poder, o está reaccionando (y a veces rebelándose) contra ese poder.

La tercera circunstancia que faculta la agresión pasiva es el estrés. Alguien definió el estrés como:

«El efecto físico que causa el reprimir el deseo de torcerle el pescuezo a alguien que se lo merece»

En las relaciones de pareja, la agresión pasiva funciona cuando una de las dos partes siente que la otra tiene la mayor parte del control sobre la relación. El silencio dosificado, el manejo creativo del balance de la cuenta de banco, o la determinación sobre la posibilidad del acto sexual de esa noche son las fichas de canje entre ambos.

Ejemplos de agresividad pasiva, cómo reconocerla y reaccionar a tiempo

Uno de los efectos más nocivos de este tipo de ataque es que es difícil de diagnosticar hasta que es demasiado tarde. Aquí os pongo algunos ejemplos para evitar convertiros en blanco de este agente tóxico invisible.

1. Cuando tu pareja, familiar o amigo, parece ser mucho más considerado/a con los demás que contigo. Poniéndote siempre en una posición inferior respecto a cualquier otra persona.

2. El compañero/a de trabajo que te dice que él se encarga de todo, delante de los jefes, y luego no se encarga, provocando que lo tengas al final que hacer tu.

3. Quien llega siempre tarde a las citas, incluso muy tarde, suelen ser personas que no cogen el teléfono, que no dan la cara, que prometen con vehemencia cosas que nunca cumplen y luego se esconden, sin dar explicaciones.

4. La persona que te pone siempre pegas a todo, siempre tiene una excusa para escabullirse , escaqueándose sin importarle que ello suponga un incremento de trabajo para ti y para el resto.

5. Agresión pasiva es también cuando los miembros de un grupo ignoran a alguno-s de los que conviven con ellos.

6. Las personas posesivas que se basan en el principio «o conmigo o contra mi»

7. Cualquier tipo de chantaje emocional…

En fin, ejemplos hay muchos. Lo adecuado es no dejarnos influir por este tipo de comportamientos, no azuzar al agresor con nuestra reacción de rabia, pena u odio. Simplemente hay que actuar con empatía y asertividad poniendo claras nuestras reglas al otro y advirtiéndoles, sin juzgar, que nosotros no vamos a aceptar su comportamiento para con nosotros.

 

«La respuesta a la agresión pasiva no debe ser el aguante –aguantar, por no decir soportar- lo puede hacer también cualquiera.»

 

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